El matrimonio homosexual en México – Reacción al artículo “Sicilia: no es tema de la Iglesia”, El Excelsior, domingo 25 de septiembre de 2016, Karla Méndez

“Sicilia: no es tema de la Iglesia”, El Excelsior, domingo 25 de septiembre, Karla Méndez Comentarios: Dennis P. Petri, Director de OLIRE
El activista Javier Sicilia llamó a la Iglesia a preocuparse, mejor, por el tema de las personas desaparecidas en el pai?s y abstenerse de golpear los derechos humanos de los homosexuales. “Creo que es más importante resolver el problema de los desaparecidos (…) Estoy totalmente de acuerdo que la Iglesia debería preocuparse por muchos más temas que únicamente los derechos de los homosexuales. La iglesia tiene que tener relevancia para todos los temas de interés para la sociedad, y eso incluye el problema de los desaparecidos, entre otros.
De forma general, considero que la Iglesia debería tener un enfoque integral frente a las problemáticas sociales. La vocación de la Iglesia tiene que ser de promover respuestas a los problemas sociales más importantes, con base en sus convicciones, y usando su influencia para bien.
En el 2010, el Presidente mexicano Felipe Calderón hizo un llamado explícito a la Iglesia a colaborar con su gobierno en “la reconstrucción del tejido social” para responder a las consecuencias negativas del crimen organizado. Ahí es donde veo que la Iglesia puede y debe jugar un papel mucho más grande de lo que está haciendo en la actualidad.

A la Iglesia le gusta decir que es “pro-vida”, pero no aborda el tema en su integralidad. Este cartoon, publicado en el diario español El Diario, recuerda que ser pro-vida debería ser mucho más que oponerse al aborto de una manera inflexible. Ser verdaderamente pro-vida es defender la vida en todas las esferas de la sociedad. Proveer apoyo médico, atender a drogadictos, ayudar a los pobres, reducir la inseguridad, cuidar el medio ambiente, evitar los accidentes de tráfico y promover estilos de vida saludables deben formar parte de la agenda pro-vida. La necesidad de un enfoque integral es lo que muchos activistas pro-vida parecen olvidar.
Yo entiendo que la Iglesia defienda una idea, pero no tiene por qué luchar contra un Estado que quiere reconocer el matrimonio igualitario. La Iglesia debe estar preocupada por los desaparecidos más que por un tema que no le corresponde. Estoy en desacuerdo con este comentario. Ese tipo de comentarios revelan un cierto “analfabetismo religioso” y una concepción equivocada de los alcances de la libertad de religión y de las implicaciones del principio de separación entre el Estado y la Iglesia.
El principio de separación entre el Estado y la Iglesia implica que el Estado no puede intervenir en los asuntos internos de la Iglesia, y que la Iglesia no sea la que adopte las leyes o hace los nombramientos políticos. Pero el principio de separación entre la Iglesia y el Estado no debe confundirse con la separación entre la fe y la política. Es perfectamente legítimo para cualquier actor social hacer política a partir de sus convicciones. De la misma manera que un comunista fundamenta sus posiciones políticas en el comunismo, y un liberal en el liberalismo, también puede hacerlo un cristiano.
La Iglesia, al expresar su opinión sobre el matrimonio igualitario no está violando el principio de separación entre la Iglesia y el Estado. La Iglesia es un actor de la sociedad civil como cualquier otro y tiene derecho a hacer uso de su derecho de libertad de expresión, incluyendo la organización de marchas.
Pero la decisión sobre la aprobación legislativa del matrimonio igualitario no le corresponde a la Iglesia. Tampoco le corresponde al juez. Esto debería ser una decisión política tomada por una mayoría política a través de un órgano representativo.
Deliberaciones transparentes en los órganos representativos son un requisito previo para la protección de los derechos fundamentales, incluidos los derechos religiosos. Esto no puede suceder si un juez, como la Corte Suprema de Justicia de la Nación o la Corte Interamericana de Derechos Humanos toma decisiones políticas.
“¿Qué puedo decir yo? Como les digo a mis amigos gays, ustedes eran libres y ahora quieren ser custodiados por el Estado, pues es su problema. Nosotros los heterosexuales nos queremos salir de la cédula del Estado (…) pero si ustedes quieren pagarle tributo al Estado, pues es su problema. Jajaja, un poco de sarcasmo nunca viene mal. Es muy cierto, y es una pregunta que también me hago. ¿Por qué los homosexuales querrán tanto casarse? ¿Por qué querrán un reconocimiento del Estado de sus relaciones?
Y si quieren que los reconozca la Iglesia, pues también es su problema”. Aquí hay un aspecto fundamental que también forma parte de la libertad de religión. Independientemente de si la mayoría política decide reconocer el matrimonio igualitario, tiene que respetarse el derecho a la libertad de expresión de la Iglesia, y también la autonomía de las instituciones sociales, en este caso las instituciones confesionales. La preservación de la autonomía de las instituciones confesionales – que sean iglesias, centros educativos, orfanatos u hospitales de corte confesional – se les tiene que respetar su autonomía.
Por ejemplo, no puede imponerse a una iglesia que case homosexuales si esta iglesia no lo quiere hacer. (Las iglesias no son un bloque monolítico, y siempre habrán iglesias que si lo querrán hacer. Además, ¿por qué querrá un homosexual casarse en una iglesia que no comparte su visión de vida?). Tampoco puede el Estado intervenir de forma desmesurada en escuelas confesionales, imponiéndoles cierto currículum o ciertas políticas de recursos humanos que vayan en contra de sus convicciones.

 

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