Reflexión sobre el derecho a la libertad religiosa

Miguel Ángel Londoño Ramírez, estudiante de la facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Manizales y practicante de OLIRE, comparte una breve reflexión sobre el derecho a la libertad religiosa:

«Podemos partir señalando que la Constitución Política colombiana – inspirada por otros modelos garantistas en derechos humanos – defiende de alguna manera el respeto a la singularidad del otro, a sus pensamientos, la forma de actuar y de vivir en un círculo social, familiar y espiritual.

Como seres humanos y en los procesos evolutivos del derecho, nos hemos adaptado paulatinamente a coexistir con el otro a pesar de las diferencias; incluyendo las diversas manifestaciones de la dimensión religiosa, mismas que pueden evidenciarse desde la forma de pensar hasta la forma de vestir. En general, en un estilo de vida basado en determinados conceptos y preceptos de la vida espiritual.

Como parte de los derechos humanos, acaso ¿no contamos con el derecho a profesar una determinada fe o creencias religiosas?, claro que sí.

Ello conlleva a aceptar la diversidad de culto y/o pensamiento, en escenarios tan importantes como son la familia como núcleo fundamental de la sociedad, desde las instituciones educativas y el mismo circulo o entorno social en que se desarrolla el individuo.

Desde estos escenarios, se debe buscar promover la tolerancia y el respeto a la singularidad del otro, buscando entre tantas acciones extirpar incluso comentarios despectivos o estigmatizantes frente a quienes piensan, visten y actúan de una manera particular con base a sus creencias.

Cada persona es libre de escoger para sus vidas un estilo singular de reflexión frente al campo espiritual o religioso.

Haciendo remembranza de lo que ocurría en Colombia a mediados de 1989 y como en su exitosa letra musical Álvaro Arroyo González , más conocido como el Joe Arroyo en su canción “La Guerra de los Callados”, quiso mostrar no solo a Colombia sino al mundo entero una verdadera realidad social, esa realidad callada por balas y bombas por parte de manos enemigas, manos manchadas de narcotráfico y deseos de poder; manos que también permearon el circulo eclesiástico de Colombia, donde muchos sacerdotes huyeron de sus lugares de trabajo comunal por temor a las amenazas provenientes del Cartel de Medellín y posteriores amenazas del Cartel de Cali donde finalizaría involucrándose el Paramilitarismo.

La iglesia católica y otras iglesias cristianas (evangélicas) fueron seriamente afectadas, también sus integrantes tanto Obispos, sacerdotes, pastores y feligreses sufrieron intimidaciones por parte de estos grupos insurgentes; la guerra de los callados data pues de una descomposición social en su afán de obtener dinero; dinero que terminó callando para siempre la forma de pensar y de hablar de muchos sectores en nuestro estado, sectores políticos, sociales y religiosos.

En la actualidad, luego de haber sufrido la perdida de tantas vidas humanas a causa de profesar o predicar un culto o religión; Colombia sigue seriamente golpeada, circula entonces una persecución de carácter religioso donde es muy común ver que continúan las amenazas, los maltratos y la violación de derechos de algunas comunidades religiosas, y en parte este fenómeno podría radicar en que constitucionalmente sí existe una libertad pero con desigualdad.

Sin duda, el estado Colombiano sigue avanzando de manera positiva en la protección de este derecho, no obstante, aun queda mucho camino por recorrer para gozar de una convivencia pacífica.

Se requiere una Libertad acompañada de igualdad para ir cerrando paulatinamente estos capítulos de violencia que los ciudadanos colombianos han tenido que soportar.

Recordemos pues, la importancia y relevancia que implica el aceptar y respetar las diferencias y/o diversidades en nuestro entorno social, incluidas las diferencias religiosas.»

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